Opinión, anécdota y reflexión sobre Fahrenheit 451
He estado leyendo Fahrenheit 451 de Ray Bradbury...
Si te digo mi opinión te decepcionarías; y es que el libro me ha parecido una obra exquisita pero no me ha gustado... es extraño pero, es como hablar de una contradicción en sí misma, solo he conseguido interés con el arco argumental de Faber y la traición de Mildred, pero de resto creo que ha sido muy efímero, le falto cierta chispa que hiciera de esta obra algo que realmente marcase mi recorrido como lector.
Bueno, qué decir del sabueso, una bestia magnífica, fruto de la electromecaquímica que se aprecia en la narración; a mi parecer, ya en el cuerpo de bomberos sospechaban de Montag desde el momento en que comenzó a mantener una relación de amistad con Clarisse, también pienso que Beatty era una persona con conocimientos suficientes para estar fuera del margen común, pero estaba resignado a morir en su trabajo por convicción a una ideología que, en la teoría parecía ser maravillosa, pero en la practica era una total barbaridad.
Hay un dato anecdótico, curioso y divertido.
Me encontraba yo en el metro, leyendo Fahrenheit 451 mientras esperaba que llegase el tren; a mi alrededor se encuentra una veintena de personas en la misma situación que yo pero casi todos parecían interesados en algo o alguien que a su parecer era raro, la verdad es que no prestaba atención pues cuando leo, me olvido que existe un mundo exterior y mi cuerpo se mueve por inercia. Han pasado 5 minutos cuando el tren se detiene en frente de mi. Acostumbrado a sentir empujones y tirones, me extrañé pues mientras leía, parecía que nadie quería tocarme o siquiera acercarse más de 5 pasos. Era como si yo fuera algo extraño, algo más allá de su comprensión, pues incluso escuché a un niño preguntarle a su madre que qué era lo que yo estaba haciendo.
Inevitablemente tuve que cerciorarme de 2 cosas:
Si te digo mi opinión te decepcionarías; y es que el libro me ha parecido una obra exquisita pero no me ha gustado... es extraño pero, es como hablar de una contradicción en sí misma, solo he conseguido interés con el arco argumental de Faber y la traición de Mildred, pero de resto creo que ha sido muy efímero, le falto cierta chispa que hiciera de esta obra algo que realmente marcase mi recorrido como lector.
Bueno, qué decir del sabueso, una bestia magnífica, fruto de la electromecaquímica que se aprecia en la narración; a mi parecer, ya en el cuerpo de bomberos sospechaban de Montag desde el momento en que comenzó a mantener una relación de amistad con Clarisse, también pienso que Beatty era una persona con conocimientos suficientes para estar fuera del margen común, pero estaba resignado a morir en su trabajo por convicción a una ideología que, en la teoría parecía ser maravillosa, pero en la practica era una total barbaridad.
Hay un dato anecdótico, curioso y divertido.
Me encontraba yo en el metro, leyendo Fahrenheit 451 mientras esperaba que llegase el tren; a mi alrededor se encuentra una veintena de personas en la misma situación que yo pero casi todos parecían interesados en algo o alguien que a su parecer era raro, la verdad es que no prestaba atención pues cuando leo, me olvido que existe un mundo exterior y mi cuerpo se mueve por inercia. Han pasado 5 minutos cuando el tren se detiene en frente de mi. Acostumbrado a sentir empujones y tirones, me extrañé pues mientras leía, parecía que nadie quería tocarme o siquiera acercarse más de 5 pasos. Era como si yo fuera algo extraño, algo más allá de su comprensión, pues incluso escuché a un niño preguntarle a su madre que qué era lo que yo estaba haciendo.
Inevitablemente tuve que cerciorarme de 2 cosas:
- Que mi apariencia no fuera la de un loco (cosa difícil, pues incluso mi cabello parece el de Jack Nicholson).
- Averiguar qué coño me hacía tan resaltante para la multitud.
Ésta experiencia me lleva a 3 curiosas conclusiones:
- La gente no acostumbra leer y les parece raro que alguien lo haga con el mismo ímpetu con el que ellos revisarían el móvil.
- La policía parece tener miedo de los jóvenes que leen porque ellos perderían autoridad contra alguien de mayor conocimiento.
- Debo salir más seguido de mi casa.
Yo soy aquél rarito que puedes encontrar en una plaza, a la entrada de alguna estación o en un parque, ése que está solo, pero que sostiene un libro y podrán pasar horas, no me moveré de ese sitio mientras esté leyendo.
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